MeteoSaravillo en África.

Ayer me llegaba a mi correo electrónico a través de una amiga, este relato que me ha encantado, no he querido que se quedará allí y lo publico para que todos vosotros tengáis la oportunidad de leerlo. Por un momento un Massai de kenia vio la nieve y las montañas a través de mis fotos y de mi blog, no se puede describir lo que siento, por momentos como este, vale la pena seguir adelante con MeteoSaravillo.

Mi nombre es Maribel aunque hace poco cuando estuve colaborando en una escuela de niños maasais en Kenia me bautizaron con el nombre de “ñamañac” que  en Suahili significa “afortunada” y así me siento.

maribel 1 (Copiar)

En un pis pas cambié mi mundo por completo, pasé del frio helador, al tórrido verano de la sábana africana, deje la comodidad de mi casa, para acampar al lado del rio, abandoné  el ruido ensordecedor de la ciudad por un silencio absoluto roto solo por el grito de alguna hiena.

Compartí mis días con guerreros maasai, me explicaron su cultura, sus creencias, disfruté con las actividades de la escuela, me encandiló  la sonrisa de los niños y sus  ojos grandotes en la que te ves reflejada, me maravillé con sus  cantos y saltos  al lado de la hoguera, en fin, me enamoré de África y de los Maasai.

Todas las noches en el campamento los Maasai encienden sus hogueras, y allí alrededor del fuego se canta y se cuentan historias, yo al no conocer el idioma, miraba y escuchaba atentamente. Un altísimo maasai se pudo a mi lado y me enseño la foto de su hijo, un bebe regordete guapísimo, me hubiera gustado hablarle y decirle lo precioso que era, solo lo supe hacer con señales, me tocaba el corazón y le sonreía todo lo que podía para que entendiera lo guapo que me parecía. Para compartir esa complicidad y acercamiento yo solo supe sacar mi móvil y enseñarle las fotos que llevaba, mi familia, mi perro, mis adoradas montañas nevadas, mi querido Valle de Pineta,  mi sorpresa fue cuando mi compañero de hoguera se quedo prendado de una foto que baje la web de Meteosaravillo, un precioso paisaje nevado,  con señales me pregunto que porque andábamos por encima del hielo, fue una situación graciosa, él no lo entendía, supongo que a él también le extrañaban cosas de nuestra cultura, no creo que haya visto nunca la nieve ni creo que haya subido alguna montaña, pero le gustaron mis fotos.

Una noche nos sentamos en un montículo al lado del rio para escuchar el canto de los hipopótamos, era una noche sin luna y las estrellas brillaban como nunca había visto, un maasai me cubrió con su manta, y mi amiga me tradujo lo que dijo:

– Tranquila ñamañac, con esta manta serás invisible, los animales nunca te atacaran, los animales respetan a los maasai porque los maasai respetan a los animales.

Y me sentí invisible bajo el cielo estrellado, está claro que yo no creí que una manta me salvara de una fiera, pero también está claro que mi compañero de hoguera no entendió porque yo andaba por el hielo.

Desde que volví de Kenia mis valores han cambiado un poco, quiero ser un poco maasai, y cuando ando por la ciudad corriendo como una loca, me recuerdo que soy ñamañac, la mujer afortunada que pudo convivir con guerreros, y me repito las palabras que  me decía el jefe de la tribu, “vosotros tenéis los relojes, nosotros el tiempo” entonces es cuando me paro, ando más despacio y miro al cielo, ese cielo que se ve desde aquí , desde mis adoradas montañas y desde mi África querida.

maribel 2 (Copiar)

maribel 3

Comments

  1. Hola Lucia y Maribel
    Gracias a las dos por este hermosísimo relato. Besos.

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